Y yo, ¿quién soy?

Y YO; ¿QUIÉN SOY? por Sonia Hernáez

Partiendo de una concepción integradora de la persona  donde cuerpo y mente son un todo indivisible  animo al lector/a a que a través del siguiente texto se permita un tiempo para  pensarse, sentirse y re- encontrarse.

Presento una forma de reflexión sobre cómo cada ser es en sí mismo desde dos enfoques diferenciados pero con una interrelación indiscutible; mente- cuerpo. Primero analizar nuestra comprensión del nosotros desde una mirada cognitiva, pensada, construida desde quién soy yo  y el cómo he creado esa identificación. La siguiente sobre quién me dice mi cuerpo que soy.

La persona puede volver a cartografiar su alma, y tal vez, encuentre en ella territorios que jamás habría creído posibles, alcanzables y ni siquiera deseables. Ken Wilber


¿Quién soy yo?

Cada ser humano es único e irrepetible. Indudablemente existen diferencias entre unos y otros no sólo físicas, sino también en la forma de relacionarnos con los demás, de entender al ser  y al mundo que nos rodea, de emocionarnos etc. Este estilo que nos hace ser genuinos es lo que voy a denominar como personalidad.

Referirse a la personalidad de alguien es apuntar a aquellas características de la persona más bien estables que nos hacen prever cómo se comportará ante determinado hecho o situación.

La etimología de la palabra personalidad proviene del latín “per-sonare” (para hacerse oír) que  hacía referencia a la máscara que enla Antigüedadutilizaban los actores para ocultar el rostro y hacer sonar su voz.

Existen en cambio otros aspectos más hondos de la personalidad, más ligados a lo orgánico, a las raíces, que determinan las características más primarias y fijas del ser; lo que denominaré como la “Esencia” del ser. Otros autores se refieren a estos rasgos innatos y profundos con los términos temperamento o  “carácter” (procedente del griego que significa “marca grabada”, para contraponerlo a lo superficial).

Por tanto, partiendo de los orígenes de la personalidad podemos decir que ésta es una especie de máscara con una serie de rasgos específicos que nos sirven para presentarnos ante el entorno y existir en él. Lo más íntimo y consistente, el actor/actriz, equivaldría a lo que denomino  Esencia.

 Los rasgos del actor/actriz pueden parecerse o no a los de la máscara. Así,la Esenciapuede ser o no coincidente con la personalidad (entendida ésta como una adaptación funcional que hemos ido desarrollando para desenvolvernos en un determinado entorno).

Para entender mejor la diferencia entre personalidad y Esencia lo representaré mediante elementos gráficos:

El ser humano viene a este mundo como “Esencia”, llamado  “Ser”. Lo represento con un punto para tratar de transmitir el hecho de que no se le puede adjetivar, no tiene forma, ni atributos, simplemente “es”.

El Ser es eterno, no tiene principio ni fin pero cuando llegamos al mundo la Esencia  no puede vivir así, es necesario que se recubra de un cuerpo y una personalidad.

Dibujaré alrededor de ese centro diferentes puntos que representan atributos opuestos que forman nuestra personalidad; teniendo en cuenta que mostramos al mundo algunos de estos atributos ocultando otros (sus opuestos). De tal modo que si me considero una persona introvertida me comportaré en base a esa cualidad negándome su opuesto.

                                                                           Dependiente

                                                     Grande                                           Chiquitita

                                         Inteligente                                                   Torpe

                                                     Seria                                                 Divertida

                                                  Extrovertida                              Fría/ Indiferente

                                                                          Independiente

Cada uno/a de nosotros/as hemos tenido, desde la infancia, una serie de rótulos dados por nuestra familia o/y  las personas que conformaban nuestro entorno.

Esos rótulos (características) fueron generando en mí una identificación de quién era yo en el mundo. De esta manera fui perdiendo ese centro donde el Ser brillaba completo y me fui reconociendo sólo a través de una serie de atributos. Me fui reconociendo en unas cualidades y en otras no lo hice.

El Ser podría ser de muchas maneras, un Ser flexible y, sobretodo, cambiante. Debido a esa identificación con una serie de cualidades y la consecuente reducción de mi espectro, fui creando unas fijaciones de quien yo era/soy.

Me reconocí, por ejemplo, como una persona tímida, entonces, “ser tímida” se convirtió en el centro de mi personalidad, desplazó el centro de dónde el Ser estaba para rodearme de cualidades asociadas.

Las cualidades con las que me identifiqué pasaron a ser el centro de mi personalidad generando a su alrededor toda una personalidad delimitadora y delimitada.

Los atributos con los que no me identifiqué arman, a su vez, otra personalidad no reconocida por mí. Es una personalidad en la sombra  porque no puedo verla. Con frecuencia, los demás ven lo que yo no reconozco, pero yo sigo negándolo y armo todo tipo de estrategias inconscientes para no verlo.

La identificación con los atributos reconocidos fue en su momento esencial porque para el niño o niña que fuimos, fue sumamente importante al mirada de los otros. El niño o la niña necesita que lo/a miren para tener la respuesta de que existe.

Nuestra personalidad vino de afuera. Por eso es necesario tener conciencia de “Ser” más allá de los atributos porque, en la medida en que no la tenga, seguiré moviéndome en ámbitos donde reciba la misma respuesta que me dieron las personas que me marcaron originalmente. (Para seguir confirmando mi personalidad desde esos atributos reconocidos).

Es interesante ver cómo por más infelices o limitados que nos sintamos dentro de esa cárcel, ofrecemos una profunda resistencia a abandonarla. Creemos que somos así, y creemos que “si no soy así, no soy”. Cada uno de nuestros aspectos tiene un argumento para sostenerse y una serie de justificaciones que parecen inamovibles y miramos nuestra vida a través de ese filtro que distorsiona la realidad, pero que, al mismo tiempo, es la manera que tenemos de sentirnos seguros/as.

Es necesario para crecer y madurar en el entorno ser capaces de reconciliar aquellos opuestos que nos negamos. Haciéndonos responsables de aquellas conductas y rasgos que no queremos ver de nosotros mismos pero que a la vez nos conforman y utilizamos (sin saberlo) en nuestro medio.

De este modo nos volveremos responsables de nosotros/as mismos/as dejando de emplear tiempo y energía en buscar “culpables” en relación con los aspectos de nuestra personalidad que no nos gustan focalizando nuestras capacidades en descubrir nuevas alternativas para un descubrimiento personal.

La realidad más frecuente es la de desconocer el enorme poder (y por tanto responsabilidad) que tenemos para transformarnos y transformar el entorno.

A medida que vivimos más cerca dela Esencia, el trabajo se vuelve más bien un “gozo de sí”. El trabajo sobre sí consta, básicamente de dos elementos: el reconocimiento personal de mi “Ser” completo y la transformación de esa personalidad que nos limita tomando contacto con nuestra propia Esencia.

Una forma de trabajar sobre ella, descubrirnos en otras dimensiones hasta ahora desconocidas para nosotros, abrirnos a una nueva forma de sentir, de estar en el mundo, de romper los corsés creados como forma de supervivencia que ya no son necesarios, de sentirnos más libres, de sernos en plenitud  es a través del propio trabajo vivencial desarrollado mediante el  movimiento corporal, la expresión y la liberación de la voz.

El Cuerpo

“Soy mi cuerpo. Mi cuerpo “es” yo”.

El cuerpo es también lenguaje. Un lenguaje expresivo por otros canales distintos del verbal, más primitivos y referentes a aspectos que la palabra deja ocultos. La expresión facial, el brillo de la piel, el gesto, la expresión corporal, la distancia que nuestro cuerpo guarda en relación a los otros, el tono muscular etc. Normalmente el lenguaje corporal se referirá a aspectos inconscientes  (o más inconscientes que los del lenguaje verbal) relacionados con la situación emocional del individuo. La realidad corporal está intrínsecamente ligada a los rasgos más personales, peculiares y profundos (a nuestra Esencia).

Los descubrimientos realizados por Reich (1927) y continuados por Lowen( 1958)  conla Bioenergéticay posteriormente por otras terapias corporales, ponen claramente de manifiesto cómo nuestra historia emocional va quedando “escrita” en nuestro cuerpo (mediante configuraciones físicas concretas, bloqueos musculares, estructuración de las articulaciones etc.). El cuerpo memoriza las experiencias vividas reaccionando frente a ellas con una determinada respuesta biológica y ésta respuesta va formando parte del caudal biológico que es precondición orgánica en el presente.

Lowen (1975) explica la formación de un determinado “carácter” corporal en base a experiencias emocionales. Sobre todo en la infancia, se inician bloqueos de grupos musculares, energéticos y emocionales, como armadura o respuesta fisiológica de reacción ante un peligro. Se empiezan a crear una serie de corazas musculares que nos ayudan a sobrevivir en nuestro entorno. Dicha forma de reacción fisiológica/ muscular será la que sigamos utilizando a lo largo de nuestra existencia como armazón frente al mundo. Bloqueando energía, emoción y adoptando una corporalidad defensiva. No libre.

Movernos en el espacio de una manera diferente a la acostumbrada, utilizar partes de nuestro cuerpo a través de la danza, por ejemplo, para ver el número ilimitado de movimientos que podemos desarrollar, el sentirnos desde esas nuevas modalidades nos abre un amplio espectro de sensaciones a las que normalmente no damos cabida.

No sólo el movimiento corporal es importante sino también el uso que hacemos de nuestra voz.

L a Voz

Los sentimientos se atascan en la garganta.

La tristeza ahoga, el miedo constriñe…

Si pudiéramos lamentar nuestras aflicciones

A toda garganta, o gritar nuestro júbilo,

Volveríamos  a sentir el pulso de la emoción pura. Gabrielle Roth

La voz es una de las formas más directas de catarsis, de liberación energética y emocional, de presencia/existencia en el mundo.

Puedo empezar con sonidos inarticulados, con gritos, quejidos, con lamentos, con lo que está dentro de mí en ese momento, y puedo ir transformando esa emoción hasta convertirla en un “llanto-canto”, o en un “canto de vida” que incluye la emoción retenida y la transforma en sustancia armonizadora, en elemento sanador por excelencia.

Cada emoción tiene un sonido particular. Si encontramos dentro de nosotros/as ese sonido, podremos expresar y transformar cuestiones profundas alojadas en la psiquis.

Darse el permiso para gritar, cantar o usar tonos de voz descontrolados es un requisito inicial para poder dejarse expresar y abrir, de ser libres y destapar emociones cerradas movilizando toda aquella energía retenida y bloqueada.

El sonido nos atraviesa, y la propia voz experimentando nuevas posibilidades resuena en nuestro interior haciendo vibrar todas nuestras células. Descubriéndonos en nuevas dimensiones y desde nuevos permisos de ser aquello que se nos negó ser.

La vibración de la propia voz en el cuerpo moviliza las energías estancadas, ayuda a conectarse con las emociones, y esa misma vibración es sanadora ya que aprendemos a dirigirla hacia las zonas del cuerpo que estén afectadas.  La vibración corporal es un indicativo de estar vivos.


Bibliografía

Carballo, S. (1996),  Aprender a ser libres: Autoayuda en psicoterapia integral, Pirámide.

Rossi, V.  (2006),  La vida en movimiento, Kier.

Lowen, A. y  Lowen, L. (2011, Ejercicios de bioenergética, Sirio.

Palcos, M. A. (2011), Del cuerpo hacia la luz, Kier.

Gimeno-Bayón, A. (1996), Comprendiendo cómo somos. Dimensiones de la personalidad, Serendipity.



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