¿Qué ocurre con la necesidad de pertenencia si somos expatriados?

La situación económica, política y social que hemos vivido durante los últimos años ha desencadenado un flujo de desplazamientos de personas que han habandonado sus países de origen para buscar oportunidades en otros lugares y comenzar una vida nueva. Son los llamados expatriados, esta palabra tan en boca de todos últimamente.

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¿Y tú de quién eres? Esa pregunta que se repetía en cada esquina de los pueblos de este país. La carta de presentación en los círculos vecinales. “Esta es la de la Lidia”, “es el del panadero”, “es de los de Falero”, “es la nieta de cual, el hijo de tal, de la familia de aquellos, es de los temporeros, es de los señoritos, la nieta del herrero, la mujer del maestro”

Esa pregunta con la que crecíamos en el arduo camino de consolidar nuestra identidad. ¿Y yo quién soy? ¿A dónde pertenezco? ¿Qué implica eso? ¿Me parezco a la familia de papá o de mamá? ¿Me siento de este lugar? ¿Puedo pertenecer a más de una cosa? ¿A quién traiciono si hago eso? ¿Del barsa como papá o del atletic como el abuelo?

Esta semana mantenía una conversación cibernética con un buen amigo al que conocí mientras vivíamos en un país que no era el suyo, ni el mío. Hablábamos sobre la situación económica y social en Europa y sobre la complejidad del “echar raíces”. Él aún vive en ese país de nadie. No puede volver al suyo. Cuando me contaba esto le dije: “Eso es muy duro, tío. ¿Y qué vas a hacer?” y él respondió. “Asumir que ahora soy ciudadano del mundo”.

Expatriados: Los ciudadanos de ninguna parte.

Los flujos migratorios que se han producido los últimos años han venido acompañados por una avalancha de crisis existenciales alimentadas, entre otras muchas cosas, de un sentimiento profundo de no pertenencia, “siento que no encajo en ningún lugar, no sé qué hacer con mi vida, no se cuál es mi lugar”.

Muchas de estas personas permanecen en movimiento, empiezan una y otra vez en diferentes lugares, con diferentes personas. Y aprenden a exprimir el lado positivo de este movimiento, se enganchan al aprendizaje que adquieren al conocer lugares diferentes, a las experiencias vividas, a la riqueza de la gente nueva que van conociendo… y muchos de ellos no conectan con la angustia profunda que el “no poder quedarse en ningún lugar” provoca.

Pagan el precio de no pertenecer, que en ocasiones no se vive a un nivel consciente sino que se manifiesta en forma de sensación de insatisfacción subyacente y en otras ocasiones se vive como la tristeza profunda de sentirnos sin soporte ni sujeción y el miedo que esto ocasiona.

Pertenecer.

Muriel James y Louis Savary proponen en su libro Una nueva personalidad  una serie de necesidades psicológicas y emocionales que deben ser satisfechas para garantizar la salud y el bienestar. Necesidad de reconocimiento, de ser amado, de amar, autoestima, pertenecer, de estructura, de seguridad, de contacto emocional, estímulo emocional e intelectual y de logro. Pertenecer. Sentir que pertenecemos a alguien, a una cultura, a un país, a una comunidad, a un grupo, a una tendencia…Existen muchas formas de satisfacer esta necesidad. Hay quien encuentra la pertenencia en un equipo deportivo, otras personas sienten que pertenecen a una ciudad y lo muestran con orgullo, otros pertenecen a una religión, durante la adolescencia el sentimiento de pertenencia al grupo se vuelve crucial en el desarrollo y la consolidación de nuestra personalidad (soy punk, emo, heavy, gótica, hippy, de los empollones, de las populares, pija…)

¿Pero qué ocurre con aquellas personas que no han incorporado el permiso de pertenecer a algo? Ian Stewart y Vann Joines citan en su libro AT Hoy  al estadista hindú Pandit Nehru cuando solía decir: “Cuando estoy entre europeos me siento como un hindú, cuando estoy entre hindús me siento como un europeo”. La persona que acata un no pertenezcas se siente fuera de lugar.

En el equipo de Alcea, varios de nosotros hemos experimentado la experiencia de ser expatriados. Cuando hacemos terapia con personas en esta situación atendemos las emociones que surgen de la difícil vivencia de estar a caballo entre dos lugares, el de origen y el nuevo elegido, trabajando temas como la identidad, la pertenencia o la nostalgia.

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