La cuesta de septiembre, tomando impulso para despegar

Pues ya estamos aquí de vuelta, ¡hola! Es posible que la mayoría de nosotros hemos vuelto de vacaciones. O si no lo hemos hecho aun pero tenemos alguno de nuestros sentidos intactos, podemos sentir en el ambiente cómo la “normalidad” se va apoderando de todos nosotros. Así, la televisión cambia, el ambiente urbano cambia, los escaparates cambian. Y sobre todo, la temible vuelta al trabajo ya es una realidad.

“Y ahora sólo intento vaciar

Sólo necesito despegar.

Fue tan largo el duelo que al final

Casi lo confundo con mi hogar.”

Extracto de la canción “Cuarteles de Invierno” de Vetusta Morla

En esta vuelta de septiembre, he querido escribir sobre una etapa que para mí es muy importante, “la vuelta al cole”. He leído varios artículos, muy interesantes la verdad, que hablan sobre el síndrome post-vacacional. Es decir sobre la apatía, a veces angustia, que a uno le acompaña en esta época del año (os dejo algunos links como referencias al final de este post). En ellos, podréis leer consejos sobre cómo sobrellevar esta etapa de la mejor manera, hablan de la importancia de las rutinas, las metas a corto plazo, la despedida del verano…Yo he estado reflexionando sobre este malestar que sentimos, y me gustaría hablaros de algunos aspectos que considero interesantes, al menos para tener en consideración, deseo que os sirvan para crecer.

EL FINAL DEL VERANO LLEGÓ, Y TÚ PARTIRÁS…

En realidad septiembre es una enorme despedida, decimos adiós a algo fundamental para los seres humanos (y no humanos como puedo comprobar al observar a mi perra Dora), nos despedimos de la etapa más prolongada de nuestro disfrute personal. Los paseos por la playa, por el río, por la montaña, las visitas a ciudades o parajes, el explorar lo desconocido y re-explorar lo conocido, deleitarnos con un buen plato de cocido montañés o de espetos, dormir la siesta, tumbarnos a no hacer nada, una buena conversación con amigos, familiares, desconocidos que quizás han dejado de serlo.

También es posible que no hayas tenido el verano de tu vida, planeamos con tanta ilusión esas fechas, trabajamos tanto durante el año y nos sentimos tan bien cuando las terracitas comienzan a asomar en nuestra ciudades, tenemos tantas expectativas, planes e ilusiones, que quizás, no se hayan cumplido. Quizás hayas discutido con tu pareja, te hayan agotado las reuniones familiares, te hayas quemado demasiadas veces en varios sentidos, te hayas gastado demasiado dinero, o sencillamente no hayas hecho gran cosa y te sientas mal por ello.

Hayas vivido lo que hayas vivido, la realidad es que septiembre es una despedida del disfrute, o de la posibilidad de disfrute que allá por primavera soñamos.

Y como todas las despedidas, ésta también trae consigo la tristeza. Esa emoción tan natural que está directamente relacionada con la pérdida. En septiembre perdemos libertad, perdemos nuestro ocio, y nos embarcamos en el mundo de las responsabilidades. En una sociedad exigente en que el que todo tiene que estar hecho para ayer, el disfrute, el goce, pasa a un segundo plano.

Yo quiero aprovechar esta tristeza post-vacacional para algo. Y es que podemos usarla de guía para saber qué es lo que queremos en nuestras vidas.

LAS RUTINAS SAGRADAS DEL DISFRUTE

Cada vez más corrientes de psicología lo apoyan: la diversión es fundamental para la salud mental, para nuestro bienestar. Y este contraste de ocio a responsabilidad que en septiembre nos trae a veces angustia y tristeza puede servirnos de espejo. Justamente porque en nuestras vidas lo que suele sobrar es el deber, se vuelve especialmente importante que incluyamos en nuestra rutina todas las actividades que nos hagan desconectar, reírnos, apagar o al menos reducir nuestra actividad mental y rutinas más básicas.

Desde este enfoque te propongo que incluyas en tu vida actividades y actitudes que te puedan acercar a sentirte “eternamente de vacaciones”, o al menos que puedas incorporar en tu día a día espacios sagrados que te recuerden que todos necesitamos jugar, divertirnos, y hacer el indio un poco.

PIENSA “EN VERDE”. Si te fijas, en el verano estamos mucho más en contacto con la naturaleza y eso nos da la vida. Lo verde ayuda a relajar la mente, a respirar y rebajar el estrés, desarrolla y afina nuestros sentidos, estimula nuestra curiosidad, nos oxigena e impulsa. En un mundo virtual de pantallas y visiones a corto plazo, se hace muy útil estar en contacto con nuestro planeta y con las posibilidades en bruto que éste nos ofrece. Te animo a que busques espacios verdes a los que acudir semanalmente en los que mirar, ver, tocar, caminar y respirar, y con ello recordar que también nosotros somos animales en libertad.

LA CREATIVIDAD: Crear es una experiencia gratificante. Observar cómo algo nuestro va tomando forma de la manera en la que nosotros decidamos, desarrolla lo que los psicólogos denominan como “motivación intrínseca”, es decir una sensación de bienestar que aparece con el mero desempeño una actividad, sin esperar recompensas externas. Para nuestro cerebro la motivación intrínseca es mucho más potente que cualquier premio que alguien nos pueda dar. Quizás te guste escribir, decorar, cocinar, pintar, montar artilugios propios, componer, actuar, improvisar. Y si no sabes cómo o qué hacer, seguro que puedes encontrar mucha información en la red de redes.

LA COMPAÑÍA: Como animales sociales que somos, las vivencias compartidas nos relajan y generan bienestar. La experiencia compartida es un estímulo muy potente para nuestro bienestar, nos sentimos unidos, pertenecientes. Desarrollamos la empatía, la comunicación, los intereses compartidos. Compartir el ocio con otros es algo vital para nuestra especie. Así que manos a la obra (manos, muchas manos sí).

EL JUEGO: La nuestra, es una de las pocas especies que aun en la vida adulta necesita jugar. El juego nos prepara para las responsabilidades, nos mantiene concentrados, estimula la alegría y la risa, nos divierte, nos abre a los demás o a aspectos de nosotros mismos que teníamos olvidados. Ya sean juegos más reglados o menos, solitarios o en compañía, de cartas, deportivos, al aire libre, en el interior. Juega, por favor, juguemos.

HACIENDO EL INDIO: Hacer el indio es todo un arte. ¿Hace cuando que no pasas una hora sin sentido haciendo aparentemente nada? Nada planificado, nada organizado, un todo sin sentido. No puedo poner ejemplos, cada persona tiene su propia forma de hacer el indio. Pondré alguno mío, no vaya a ser… A ver aquí entre nosotros, me encanta poner música, coger un peine (micrófono en mi mente), ponerme delante de un espejo y cantar (con mucho desafine por cierto) los mejores éxitos de Extremoduro, a veces también salto, pero entonces mi perra me acompaña y de la alegría suele morderme la camiseta (por cierto nunca reconoceré que en mis incursiones artísticas se cuela a veces un tema de Laura Pausini).

EL MOVIMIENTO: Pasamos media vida sentados. Esto no lo digo para hacernos sentir culpables. Estudiar, trabajar, transportarnos es algo que está muy instaurado en la sociedad, moverse en estas circunstancias es todo un reto. Sentados y anclados pensamos mucho más, así que el movimiento es una manera muy saludable de aportar un poco de dinamismo y flexibilidad a nuestra vidas. Caminar, visitar, correr, pero sobre todo bailar. El baile combina muchas cosas, movimiento, creatividad, compañía, risas. Los que vivimos en grandes ciudades tenemos muchas posibilidades de bailar, hay muchas escuelas, muchos gimnasios, zumba, contemporáneo, breakdance, baile clásico, salsa, bachata…

LAS TERAPIAS DEL DISFRUTE: La psicología y otro tipos de terapias afines se han dado cuenta de que el disfrute es una parte fundamental del tratamiento, hay varias escuelas que promueven activamente estas sensaciones como son la terapia corporal, la psicología positiva, la risoterapia, la biodanza, las clases de movimiento expresivo. Igualmente seguro que la red de redes te ofrece muchas oportunidades.

Enfin, con la despedida de nuestras vacaciones decimos adiós a una época de disfrute prolongada y acompañada de buen clima. Esto nos da tristeza, ojalá esta tristeza nos ayude a conectarnos con el disfrute y la alegría que es (o debería de ser) el vivir. En septiembre empieza todo.

Un abrazo,

Lucía Camín

Psicóloga y psicoterapeuta

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