¿POR QUÉ DISCUTIMOS CON NUESTRA PAREJA?

El título del artículo dice “¿Por qué discutimos con nuestra pareja?”. Sería más afinado preguntarse: ¿Por qué se repiten las mismas discusiones y situaciones una vez tras otra? ¿Esto va a ser así hasta el último día?

“De todos los dilemas del ciclo de la vida, el dilema existencial de la vida en pareja es probablemente el mayor. El matrimonio requiere que dos personas renegocien una gran cantidad de asuntos que ya habían definido de forma individual o en sus familias de origen, del tipo cuándo y cómo comer, dormir, conversar, tener relaciones sexuales, discutir, trabajar y relajarse.” Monica McGoldrick.

María y Paco acudieron a terapia de parejas para encontrar alguna solución a la situación que estaban viviendo en casa desde hace tiempo. Las discusiones se habían intensificado en los últimos meses. En ellas, María acababa alzando la voz y diciéndole a Paco cosas de las que después se arrepentía. Paco se metía en su habitación para no discutir. Últimamente, él acababa por dar un portazo e irse a la calle. Cuando volvía pasadas unas horas, el ambiente estaba más calmado y Paco se mostraba distante pasando días hasta que volvía a dirigir la palabra a María. Según ellos, estaban al borde de la separación y acudían a terapia para ver si había algo más que pudieran hacer para salvar su relación.

En los conflictos de pareja no existe un único culpable. Los conflictos de pareja ocurren en relación, y la relación es cosa de dos. Habitualmente las parejas que acuden a terapia suelen posicionarse en la culpabilización y se colocan en una posición de víctima dentro del triángulo dramático de forma más o menos explícita. Esperan a que el otro rectifique y haga lo que todo buen esposo o esposa debe hacer. Y esa espera se eterniza. Entonces alguno de los dos miembros de la pareja, probablemente el que conecte más con el miedo, empieza a hacerse cuestiones como: “¿Voy a estar bien en esta relación? ¿Puedo tener el respeto y cuidado que necesito? ¿Debería apostarlo todo a esta relación?”

Debajo de estas cuestiones lo que podemos encontrar es una mezcla de emociones, principalmente dolor y frustración. Sentir la relación de pareja como algo dañino que nos invita a huir en lugar de como un lugar seguro  al que acudir para obtener apoyo y refugio es muy doloroso. En el caso de María y Paco se aprecia este dolor común a ambos de manera clara. Están viviendo una situación donde están expresándole el uno al otro lo profundamente heridos que se sienten.  Están en contacto con un miedo profundo, el miedo a ser abandonada en caso de ella y el miedo a ser invadido en su espacio en caso de él.

Algunas parejas acaban por “acostumbrarse a esta situación”. Prefieren no separarse, siguen juntos y viven el conflicto como un tipo de zona de confort. Es convertir la discusión constante, los enfados y las decepciones en la zona de seguridad dentro de la relación de pareja. Dentro del conflicto me siento seguro, como el anuncio de un conocido deportista. Suena bastante negativo, hasta un poco masoquista. ¿Por qué sucede algo así? Esta situación ocurre en personas que viven la intimidad como algo muy arriesgado. Por supuesto que lo es. Abrirte emocionalmente al otro, desnudarte conlleva un gran riesgo. Un desprecio, una falta de empatía, de apoyo o algo que vivamos como un ataque aquí es mucho más destructivo que en la zona de confort donde, al menos, tenemos capacidad de defendernos. ¿Y si, previamente en otras situaciones o relaciones, cuando hemos necesitado un abrazo, un consuelo o un reconfortamiento y lo hemos expresado de forma legítima,  nuestra necesidad no ha sido atendida por el otro?

Otras parejas, como María y Paco, deciden actuar y buscan ayuda profesional para cambiar las dinámicas de pareja, buscar alternativas a su forma de enfocar sus diferencias y encontrar soluciones sanas que les hagan sentirse bien. No es condición necesaria  acudir a un profesional. Lo que es indispensable es que ambos miembros de la pareja tomen conciencia de que, al fin y al cabo, sus diferencias van a seguir estando ahí. La solución no pasa por cambiar al otro, puesto que cada uno somos seres genuinos y auténticos. Y además esta espera es una condena a perpetuidad. Lo que realmente ayudará a cambiar la relación es llegar al mismo fondo del problema, analizar cuáles son las emociones que están en juego y permitir expresarlas desde el respeto y el acogimiento. Es decir, desarrollar la intimidad en la pareja. Desde aquí, las parejas estarán en una posición de partida para reconstruir su relación nuevamente teniendo en cuenta las diferencias individuales, las vulnerabilidades y miedos, las necesidades de cada uno y de la pareja, y los cambios que han vivido como familia o como pareja a lo largo de los años.

Juan Del Valle.

Psicoterapeuta.

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