VIVENCIAS DE UN EMIGRANTE

Actualmente estoy viviendo una etapa nueva de mi historia personal. Hace unos meses decidí hacer un paréntesis general para poder aprovechar una oportunidad que la vida me brindaba, vivir una temporada en el extranjero. Después de incertidumbres, sobresaltos, planes hechos, re-hechos y desmontados finalmente me instalé con mi esposa en nuestra nueva casa a más de 6.000 kilómetros de mi Andalucía natal, calculando a ojo. Como cualquier nuevo objeto con el que te relacionas por primera vez hay una gran parte de desconocimiento y de descubrimiento. Esto despierta en mí excitación. Lo siento como una mezcla de curiosidad, alegría y miedo.

La experiencia de mudarte de país implica varias cosas. Conocer una cultura diferente, otro idioma (pues aquí no se habla el castellano) o echar de menos lo que he bautizado como la FAT (familia, amigos y tapas) es algo que cualquiera puede suponer de antemano, más aún con la última moda televisiva de programas tipo “Españoles por el mundo” donde este mensaje se repite en cada episodio sin importar el lugar de destino. No me voy a detener en esto hoy.

La vida en otro país para mí se puede definir como una experiencia de aprendizaje total. La sensación constante al salir a la calle es la que creo tendría yo a los 4 o 5 años. Es necesario re-aprender taré esta vivencia a modo de ejemplo.

Para empezar resulta que en este país solo puedes ir a un tipo de cafetería porporque los procesos son diferentes y así sucede cada día con experiencias cotidianas tan simples como pedir un café en el bar. Relaque es el único tipo que existe, aquí el monopolio del desayuno lo tiene un tal señor Starbucks con lo que es preciso asimilar su proceso de pedir un café para poder tomarte uno. Al entrar a la cafetería me siento en la mesa a esperar que venga el camarero, ahí me puedo quedar. Observo a las personas que entran de la calle y veo que se ponen en cola ante el mostrador. Es una técnica valiosa y útil en mi situación ésta del aprendizaje vicario. Me pongo en la cola del mostrador, al llegar miro la lista de cafés y no encuentro ningún sabor que mi cerebro asocié a la hora del desayuno. Pido sin saber exactamente lo que he pedido. Pago, pues aquí he aprendido también que pagar es lo primero. Me quedo esperando a mi café. Desde la otra punta de la barra escucho que alguien pronuncia mi nombre en un acento extraño, “¿será algún conocido? ¿Aquí? me extraña.” Resulta que me llaman para darme el café, que se recoge en otra zona. Me dirijo hacia allá. No sé si el protocolo ahora implica la propina, de riguroso y obligado cumplimiento en el sector servicios en este país. Finalmente me siento en una mesa compartida con una chica y su portátil y pruebo el café. “¡¡Asqueroso!!”. Viene sin azúcar, ni leche. Vuelvo enfadado a la zona de recogida de cafés como diciendo, “¿qué broma es esta?” El amable camarero me indica la salida. En un primer momento no entiendo si es que está echándome. Me está indicando la zona de azúcares, edulcorantes varios y lácteos, la última parada antes de poder disfrutar de mi café. Finalmente me siento para degustar el café y reflexiono sobre lo sucedido repasando los aprendizajes y analizando las diferencias y dificultades superadas.

Durante el proceso me doy cuenta que mi vivencia es la de tener cuatro o cinco años como decía anteriormente. Me he sentido confundido, a veces irritado y a veces temeroso. Los niños de cinco años suelen ir de la mano de sus padres a la cafetería y se toman lo que ellos le piden.  Los adultos en un país extranjero necesitan de esto mismo, un estado del Yo Adulto observador y habilidoso que se dé cuenta de las particularidades del proceso en el que se encuentra aquí y ahora. Creo además que un Niño Libre curioso y avispado que se interese por el mundo a su alrededor también ayuda. Tampoco está de más un Padre Nutritivo que de protección y permiso para no saber, no controlar y para meter la pata sin que pase nada. En estas situaciones es donde el Padre Crítico Negativo mejor puede hacer de las suyas y mantenerlo a raya es uno de los aprendizajes más valiosos que puedo obtener de esta experiencia. Por lo menos así sucede en mi caso, donde mi Padre Controlador a veces me martillea con mensajes centrados en mi falta de habilidad y capacidad. De hacerlo así el aprendizaje obtenido conseguirá un valor añadido de mejora de la relación conmigo mismo. Será un aprendizaje que puedo mantener para distintas situaciones en diferentes momentos de mi vida.

Me gusta la idea de explorar el mundo, probar nuevos sabores y experimentar un Niño Libre curioso y un Padre Nutritivo que da permisos y que permite la espontaneidad.

Nunca pensé que un simple café diera para tanto.

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