Lo que nos regalan los niños en terapia

Niños en terapia | Por Andrea Castro, psicóloga infantil

¿Qué podemos aprender de los niños en terapia? Frecuentemente padres y madres acuden nerviosos, temerosos y culpables a las sesiones con sus hijos o hijas. Esto es normal, pues su mayor deseo es el bienestar de sus hijos.

Por ello, en este artículo hablaremos de lo que experimentan los padres, y sobre todo de qué nos enseñan niños y niñas cuando están en un proceso terapéutico. Más allá de solucionar el síntoma, necesitamos atender con consciencia y sin buscar culpables si no soluciones, lo que se esconde debajo de los problemas a los que se enfrentan niños y niñas.

Niiños en terapia: el impacto para sus padres

Cuando los papás traen a sus hijos a terapia infantil experimentan la incertidumbre de lo que puede estar ocurriendo en el mundo interno de sus hijos. Pueden venir sintiendo miedo a confirmar sus peores fantasías en cuanto a que su hijo tenga un problema grave, esté sufriendo y que tenga difícil o escasa solución. Y también con una carga autoimpuesta de culpabilidad. Con la pregunta en el aire de “¿qué habré hecho mal para que mi hijo se encuentre así?“.

En otras ocasiones, la culpa se reparte hacia el entorno cercano del niño. Y la energía se va perdiendo por el camino en laberintos de quién-hizo-qué-mal. Frecuentemente estas situaciones terminan en callejones sin salida. Esto sacrifica tiempo y espacio a lo esencial. Es decir, lo que existe por debajo de los problemas de conducta, los problemas para relacionarse con otros, las somatizaciones en el cuerpo, la bajada del rendimiento escolar, etc.

Niños en terapia: en la búsqueda de soluciones

1. Aprovechar los recursos del entorno

Todo lo anterior y continuado en el tiempo, puede ir creando un clima en el que el problema abarca tanto espacio que se pierden de vista las posibilidades de cambio que ofrezca la situación. Esto puede ocurrir principalmente por dos dificultades que suelen darse en el encuadre de inicio de la terapia.

  1. Centrarnos sólo en el “por qué”, en las causas, olvidando el “para qué” o el “cómo”. Dos preguntas que ofrecen respuestas también y que permiten recuperar la esperanza en encontrar soluciones. A la vez que amplían la visión de opciones creativas y generadoras.
  2. Por otro lado, ver el síntoma como un obstáculo de crecimiento y desarrollo para el niño/a. Desde la perspectiva terapéutica es de mayor utilidad ver el síntoma como la oportunidad de aumentar la conciencia sobre lo que está pasando a un nivel más profundo.

Todo esto, hace más sencillo aprovechar los recursos que rodean al niño (sus papás, el colegio, profesores, orientadores, otros profesionales que trabajen con él) e ir juntos en la misma dirección.

2. Comprender y resolver el síntoma

▷ ¿Qué es el síntoma del niño y qué nos enseña de su entorno?

Bajo este prisma podemos fijarnos en que los niños están regalando, sin saberlo, algo fundamental a su entorno que hasta el momento permanecía oculto. En este sentido, aprovecho para introducir el concepto de Sombra de Jung. Trasladado al tema que aquí se refiere, el síntoma que expresa el niño, es una manifestación de lo que no se atiende, lo que queda oculto o en la Sombra. Rescata la oportunidad de hacerlo consciente, ponerlo a su propio uso y al mundo que le rodea.

Tal vez el síntoma ponga de manifiesto algo que no funciona en la dinámica familiar. O bien deje ver los bloqueos que existen en la relación entre sus papás. O quizá “ponga a prueba” a su profesor justo en los enfrentamientos que a éste le cuesta manejar.

Y es que los niños recogen sin darse cuenta (otra veces sí dándose un poco de cuenta) lo que hay en su entorno. Como dice la psicóloga María Colodrón, los niños son como “esponjas psíquicas” que absorben de su ambiente inconscientemente y luego lo actúan incluyendo elementos del inconsciente o que pasan desapercibidos en la cotidianeidad.

▷ Buscando soluciones para todos

En las profundidades del síntoma del niño está algo clave para todos los que tienen la oportunidad de convivir con ellos y para los propios niños y niñas. Y es que recuperan temas esenciales para las personas a pesar de presentarse en formatos molestos, preocupantes o, incluso, angustiantes para los que están en relación con ellos. Aquí, cabría preguntarse si se prestaría atención a todo esto si no se mostrara con características, al menos, incómodas y que inviten a hacer movimientos fuera de la famosa “zona de confort”.

Mirando la situación de conflicto con la que viene un niño a terapia comenzamos a abrir posibilidades. Ver el síntoma, dificultad, malestar de nuestro hijo/a como un regalo que el niño ofrece a la familia de camino hacia un cambio necesario y beneficioso para todos. Abrir los ojos y escuchar a nuestro pequeños más cercanos, puede, entonces, convertirse en una aventura interesante que nos haga aprender de quiénes son ellos y también aprender de nosotros mismos.

Bibliografía

  • Libro: Jung, C. G. (1951) Aion. Editorial: Paidós Ibérica.
  • Artículo: Colodrón, M. Sistema familiar, ciclo evolutivo y proyecto de vida (1ª parte): La niñez o la orientación del ser. Boletín de ECOS. Nº 33. Enero (2008)