La autoestima en niños y niñas

Autoestima en niños / por Andrea Castro / 25/10/2017

Durante toda nuestra vida estamos expuestos a la aceptación y rechazo de nuestra existencia y de maneras de estar en el mundo. Al estar en relación con otros vamos aprendiendo lo que es valorable para nuestro entorno y también tenemos experiencias que van determinando nuestras creencias sobre la vida y el mundo lo que hace que vayamos definiendo quiénes somos por el camino en base a estas experiencias relacionales.

Desde este punto se comienza a construir lo que recibe el nombre de autoestima.

autoestima en niños

Diferencia entre autoconcepto y autoestima

¿Por qué hablar de estos conceptos y diferenciarlos? ¿Qué tienen que ver en el desarrollo de la propia confianza en nuestros niños y niñas?

Si vamos a la RAE y vemos las dos primeras acepciones de confianza nos encontramos con “esperanza firme que se tiene de alguien o algo” y “seguridad que alguien tiene de sí mismo”. Con esto hablamos de que la confianza se establece en doble dirección, tanto en la relación con uno mismo, como la relación con el otro.

En los primeros años de vida las relaciones con los demás colaboran mucho de lo que aprendemos también sobre nosotros mismos. Los mensajes que recibimos del entorno son aprendidos como modelos de relación y forman los pilares de las creencias por las que nos moveremos por el mundo a medida que crecemos.

Con todo esto, los niños y niñas comienzan verse a sí mismos/as a través del mundo que ven fuera de ellos/as, recogen lo que ven en las interacciones de otros y también cómo otras personas se dirigen a ellos. Desde ahí comienzan a construir su autoconcepto y su autoestima.

El autoconcepto se define como el conjunto de atribuciones (ideas, creencias, conocimientos, habilidades, actitudes, y valores) que cada persona tiene sobre sí misma tomando todas estas variables para que la persona defina quién es. Autoestima, en cambio, es el valor que la persona se da a sí misma. De manera que una persona puede tener conceptos negativos y positivos de sí mismo y aún así tener una autoestima favorable.

Estas dos dimensiones se van construyendo poco a poco a medida que las experiencias de la vida van pasando por cada persona. Sin embargo, tampoco es cuestión de obsesionarse por cada mensaje que se ofrece al niño/a ni dejarlo por ser misión imposible, puesto que se trata de un modelo basado en la repetición en el día a día y, casi más importante, invita a los papás y mamás a revisar sus propios autoconcepto y autoestima, ya que gran parte del aprendizaje de los pequeños/as se da en lo que ven fuera y no tanto en lo que se les dice.

Entonces, vamos ahora a profundizar un poquito más viendo cómo influyen en el desarrollo afectivo del niño/ aspectos como las relaciones con los demás y la visión o creencias sobre el mundo.

Las relaciones como un espacio de seguridad emocional y construcción de una autoestima saludable

Imagina por un momento que viene alguien bastante más alto que tú y que comienza a hablar contigo preguntándote sobre lo que estás haciendo en ese momento. En su cara sonriente puedes denotar que su interés es genuino y también ves que está en una curiosidad por aprender o simplemente conocer lo que estás haciendo. Además, tal vez intercambie contigo impresiones de lo que siente y piensa sobre lo que le explicas. ¿Qué sensación te deja esta pequeña experiencia?

Si convertimos este ejemplo en la vivencia de un niño o niña con el cual ya tienes una relación, ya porque sea alguien de tu familia, su profesor o de su círculo cercano, podemos entender un poco cuales son los impactos en su mundo emocional desde la vivencia de nuestro niño/a interno.

En el día a día los peques manejan sinfín de situaciones como las que acabo de describir, que por pequeñas que parezcan son importantes. No como algo de gravedad, sino más bien por la etapa del desarrollo en la que son más sensibles a todo tipo de contacto. Esta sensibilidad es algo positivo ya que es el la principal herramienta con la que recogen y aprenden del ambiente.

Recogen afecto y recogen la ausencia del mismo. Aprenden de los que se les dice a nivel educativo y también de lo que no se les dice pero observan en la acción. Son seres abiertos a los estímulos y si nos conectamos a nuestra propia sensibilidad, se hace mucho más sencillo comprender los procesos que se dan a nivel interno.

Es por ello que algo importante a tener en cuenta a la hora de que desarrollen seguridad y confianza en las relaciones, es que los papás y mamás también puedan ser un modelo de lo mismo. No perfectos, sí abiertos al constante aprendizaje que ofrecen las relaciones y con ello a la apertura de la confianza también en sus propias relaciones.

Por otro lado, esto da pie o facilita que los pequeños capten la apertura y sepan que pueden acudir a preguntar o a pedir ayuda a papá o mamá cuando se dan las circunstancias. De manera que ahí se puedan dar conversaciones en las que aprender de la experiencia de unos adultos que están en su proceso de adquirir cada día confianza en los mismos y en los demás.

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Las creencias sobre la confianza en el mundo y la vida

Unido al punto anterior, aquí también podemos aplicar el aprendizaje de los adultos como un tesoro educativo para los peques. Y es que la visión del mundo como un lugar habitable, lleno de aventuras y en constante creación puede ser un punto de partida para que ellos puedan lograr una autoestima óptima y empezar a crear su lugar en la vida.

El lugar que cada uno ocupa es un concepto que es directamente proporcional con la autoestima que vamos creando y que conlleva un proceso constante evolución. Comenzarlo es anclarte a Vivir con todo lo que esto quiere decir: formar parte, sentirte vivo/a, ser único y también ser igual o equivalente a otros.

En este punto estimular la creatividad se hace importante y parece que venimos preparados para ellos, porque la manera de crear que tienen niñas y niñas es jugando y esto es algo que realizan de manera natural. Permitir el juego es otro de los puntos esenciales en el desarrollo de una buena confianza propias, aquí voy a resumir puntos que veo importantes en el juego de los peques, aunque no sean todos los que hay estoy segura de que estimulará la imaginación y, en realidad, de esto se trata 🙂

¿Qué podemos hacer en la práctica?

  • Incluir todo el cuerpo: Es necesario estimular el cuerpo para que las experiencias se fijen de una manera en la que puedan ser un aprendizaje en toda su riqueza. La vida sedentaria puede ocasionar que se retroalimente un circulo vicioso de poca movilidad, lo cuál es opuesto a estimular la creatividad. Con vida sedentaria no me refiero a los necesario y beneficiosos descansos que todos necesitamos, si no al exceso de pasividad que sin duda se puede distinguir.
  • Fabricar juegos inventados: Decía Landreth que si el juego es el lenguaje del niño, los juguetes son las palabras. Podemos imaginar con esto la importancia de que, además de juguetes fabricados, los niños y niñas dispongan de materiales no estructurados para que puedan dar vida sus propias obras de arte en el juego. De esta manera, siguiendo a Landreth, ellos podrían crear “palabras” con las que empezar a imaginar diferentes construcciones del mundo, y quién sabe… tal vez construir mundos nuevos.
  • Jugar con todos y todas: Lo beneficioso de jugar es que es una manera de entrar en relación con la que (hasta los adultos) se benefician de saltarse determinadas normas sociales que desde otro sitio sería más complicado. Esto no quiere decir faltar al respeto, más bien vengo a referirme a que un niño o niña que le pida a su abuelo que se disfracen, de repente puede descubrir que su abuelo baila (y muy bien) cuando suele verlo serio y relajadamente sentado en su sillón. O que su mamá, que trabaja mucho durante todo el día y tiene poco tiempo, sabe hacerle peinados muy chulos y elaborados a su muñeca. Son experiencias que sacan de la rutina a todos y establecen nuevos tipos de maneras de relacionarse. Solo la sorpresa del descubrimiento crea en el niño un nuevo mensaje y comprensión del mundo que le rodea. Algo enriquecedor desde todo ángulo.

El juego puede enseñar de diversidad y respeto en tanto en cuanto también se ofrezcan oportunidades de vivirlo con diferentes personas, niños y niñas más pequeños o abrirse a conocer niños desconocidos, pertenecen a ese tipo de oportunidades.

  • Hacer juego libre: O lo que también podemos llamar “hacer el indio”. Salir del horario establecido en la semana y simplemente JUGAR. No hay programas, ni actividades extraescolares, poder elegir jugar solo o acompañado, el tipo de juego o el ritmo. Es un tiempo sin tiempo del que los adultos podemos aprender y si les permitimos a ellos esto, tal vez nos dejen mirar cómo lo hacen para darnos ideas de cómo jugar nosotros en la vida 🙂

Andrea Castro

Psicóloga y psicoterapeuta de adultos y niños/as.