Comunicación íntima con nuestros pequeños

En ocasiones, padres, maestros, educadores y terapeutas, podemos encontrarnos en situaciones en las que comunicarnos y entender a nuestros niños nos resulte una tarea complicada. Debemos recordar que somos los adultos los que ayudamos y enseñamos a los niños a expresar y canalizar de manera adecuada sus emociones. Por ello, es importante escucharles, acompañarles y darles una explicación que ellos puedan comprender.

¿Qué ocurre si su hijo aún no ha desarrollado el lenguaje verbal o  usted piensa que no sabe adaptar su lenguaje al del niño? Absolutamente nada, siempre y cuando, lo que pensamos y sentimos sea coherente con el mensaje que les estamos transmitiendo ya que, los niños, son expertos en comunicación no verbal. Es más probable que el niño capte con mayor efectividad y credibilidad nuestros mensajes no verbales con componente emocional que lo que digamos de palabra.

Si durante el tiempo que podamos compartir con nuestros niños nos brindamos el permiso de abrir nuestros canales sensitivos y estar receptivos, el resto de información acerca del estado emocional del menor nos lo ofrece él mismo. Podemos observar cómo un niño sonríe, se le abren los ojillos y le brillan mostrando su alegría cuando consigue un objetivo u alguien tiene un detalle afectivo con él. Del mismo modo, cuando vemos a nuestros niños con los ojos caídos, su boca sin sonrisa y el cuerpo lánguido como sin fuerza podemos saber que está triste por algún tipo de decepción,  abandono o pérdida. A su vez, el miedo se manifiesta mediante  tres tipos de reacciones distintas; la huida, el enfrentamiento o la pasividad. Esta última puede ponerse de manifiesto mediante la paralización, no hacer nada; la agitación, hacer muchas cosas sin conseguir el objetivo; la sobreadaptación, hacer lo que creo que el otro espera y la agresión-pasiva, autolesiones, somatización y agresiones al otro “sin darnos cuenta”. En cuanto al sentimiento de rabia, podemos reconocerlo en nuestros niños cuando les vemos cara de enfado, se separan en aislamiento, o comienzan una escalada de agresividad en el juego. La piel se les suele poner más roja y la activación motriz aumenta. Podemos observar cuando nuestros niños están en contacto con su propio poder por el nivel de autoestima que tenga, por su perseverancia en el esfuerzo de lograr sus propios objetivos.

Por su parte, la vergüenza, los celos, la culpa y la envidia, se consideran emociones complejas ya que, están sujetas sobre dos o más de las emociones anteriormente nombradas, principalmente, en el miedo.

Y una vez detectado el estado emocional de nuestros niños ¿Cómo podemos acercarnos y abrir el canal de comunicación más adecuado con ellos?

Cuando un niño expresa alegría podemos reforzar su emoción jugando y riéndonos con ellos siempre y cuando, la emoción expresada por el niño sea coherente con la realidad ya que, potenciar una emoción que no corresponde con dicha realidad es contraproducente. Cuando un niño muestra tristeza, debemos invitarle a expresarla respetando el llanto y brindándole mediante el contacto físico el permiso y la protección que necesita para expresar su pena. En cuanto al miedo, es importante que el niño lo exprese, ya sea mediante la palabra o invitándole por ejemplo a dibujarlo mientras estamos a su lado y le mostramos protección y amor. Es un buen momento además, para que el niño pise o entierre su miedo y contacte con el poder. Si lo que observamos es que el pequeño está enfadado es importante acompañarle de manera amorosa, que se sienta comprendido, ponerle límites para expresar su enfado sin hacer daño a nada, ni a nadie ni a él mismo y brindarle un juego acorde a su edad en el que pueda descargar y ganar, por ejemplo, tirar los bolos. En cuanto a los celos, la vergüenza y la culpa, lo que los sustenta es el miedo, por lo que lo más importante es la muestra de amor por parte de las figuras parentales significativas. Por último, destacar que cuando reconocemos un sentimiento de envidia en los niños es importante invitarle a expresarlo sin censurar la emoción y ayudarles a aprender a cómo lograr sus objetivos y valorar lo que él tiene.

Conseguir un encuentro profundo con nuestros niños no es más que un maravilloso viaje en el que hay que estar con todos los sentidos bien abiertos.

Lecturas para ampliar más sobre el tema

“Manual de terapia infantil gestáltica”. Loretta Cornejo. Descleé de Brouwer, S.A., 1996.

“Emocionarte con los niños”. El arte de acompañar a los niños en su emoción. Macarena Chías y José Zurita. Descleé de Brouwer. Mayo 2010.


0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *