La dichosa obligación de ser feliz

Obligación de ser feliz | Por Inés Arregui, psicóloga

¿Existe una obligación para ser feliz y qué impacto tendría para nosotros? “No entiendo por qué estoy de bajón si lo tengo todo para ser feliz”. Esto me lo comentaba uno de mis clientes el otro día. “Debería ver las cosas de forma positiva pero no me sale”. Decía otra, bajando la vista al suelo como si acabase de realizar una confesión de lo más vergonzante.

En Internet los tips para la felicidad crecen como setas. Incluso en periódicos serios y conocidos, nos hablan de estudios realizados en Harvard sobre la felicidad. Sin embargo, a mí me preocupa que reduzcamos la felicidad a una serie de instrucciones que hay que cumplir al pie de la letra. Estoy de acuerdo con el profesor y psicólogo Svend Brinkmann. Este autor dice que los libros de autoayuda no sólo no ayudan sino que contribuyen a causar ansiedad, narcisismo y depresión. En mi opinión, estos libros y estas listas de tips adolecen de varios defectos.

La obligación de ser feliz y la falacia de la felicidad como meta

Para empezar, no explican lo que es la felicidad. O peor aún, imponen su definición implícita de ella: algo así como una suerte de paraíso emocional. No proporcionan el espacio para que la persona realice su propia reflexión. Para que pueda pensar sobre los momentos de su vida en los que se ha sentido más feliz y descubra lo que la felicidad significa para ella.

Por si fuera poco, definen la felicidad como una meta a alcanzar. Esto conlleva un doble riesgo. Por un lado no caer en la cuenta de que a veces la felicidad puede ser desadaptativa. Y por otro, convertir la necesidad de alcanzarla en una obligación.

Y es que, si bien algunas emociones nos resultan desagradables, todas tienen su función. Por resumir: la tristeza nos ayuda a procesar las pérdidas, el enfado nos permite poner límites protectores para nosotros/as y el miedo nos avisa de una amenaza. Así que en algunas ocasiones estar felices en lugar de asustarnos puede significar pasar por alto un fuerte peligro.

Otro riesgo es obsesionarnos tanto con alcanzar la felicidad que nos impidamos transitar por emociones menos agradables. Perdiendo así información valiosa sobre nosotros/as mismos/as. En el peor de los casos, si la negación y el bloqueo son muy grandes, pueden desembocar en somatizaciones.

Recetas para la felicidad que no explican nada

El problema con los libros o los artículos de autoayuda es que sólo tienen en cuenta dos, o como mucho, tres de los cuatro ámbitos fundamentales para el ser humano. Si bien algunos incluyen el cuidado al cuerpo, la mayoría se focalizan en el pensamiento y la acción. Pero dejan a un lado las emociones.

Así, no es de extrañar que algunos clientes lleguen a alguna sesión entusiasmados con la idea de cambiar su vida. Porque han descubierto un nuevo libro o han leído una frase reveladora. Pero su sensación de empoderamiento no dura mucho tiempo. Pronto empiezan a surgir las primeras dificultades y regresan los viejos hábitos.

“Te dicen ‘Quiérete mucho’ pero no explican cómo se hace eso”. Se quejaba una clienta mía hace un tiempo, exasperada de escuchar una y otra vez el mismo cliché. No le falta razón. Alguno de los tips que he leído dice: “regálate tiempo”. ¿Pero cómo se hace eso si eres una madre soltera con varios hijos a tu cargo y un trabajo a tiempo completo?