La dichosa obligación de ser feliz

Obligación de ser feliz / por Inés Arregui / 09/10/2017

“No entiendo por qué estoy de bajón si lo tengo todo para ser feliz”. Esto me lo comentaba uno de mis clientes el otro día. “Debería ver las cosas de forma positiva pero no me sale”. Decía otra, bajando la vista al suelo como si acabase de realizar una confesión de lo más vergonzante.

En Internet los tips para la felicidad crecen como setas. Incluso en periódicos serios y conocidos como El País nos hablan de estudios realizados en Harvard sobre la felicidad. Sin embargo, a mí me preocupa que reduzcamos la felicidad a una serie de instrucciones que hay que cumplir al pie de la letra.

Estoy de acuerdo con el profesor y psicólogo Svend Brinkmann. Este autor dice que los libros de autoayuda no sólo no ayudan sino que contribuyen a causar ansiedad, narcisismo y depresión. En mi opinión, estos libros y estas listas de tips adolecen de varios defectos.

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La falacia de la felicidad como meta

Para empezar, no explican lo que es la felicidad. O peor aún, imponen su definición implícita de ella: algo así como una suerte de paraíso emocional. No proporcionan el espacio para que la persona realice su propia reflexión. Para que pueda pensar sobre los momentos de su vida en los que se ha sentido más feliz y descubra lo que la felicidad significa para ella.

Por si fuera poco, definen la felicidad como una meta a alcanzar. Esto conlleva un doble riesgo. Por un lado no caer en la cuenta de que a veces la felicidad puede ser desadaptativa. Y por otro, convertir la necesidad de alcanzarla en una obligación.

Y es que, si bien algunas emociones nos resultan desagradables, todas tienen su función. Por resumir: la tristeza nos ayuda a procesar las pérdidas, el enfado nos permite poner límites protectores para nosotros/as y el miedo nos avisa de una amenaza. Así que en algunas ocasiones estar felices en lugar de asustarnos puede significar pasar por alto un fuerte peligro.

Otro riesgo es obsesionarnos tanto con alcanzar la felicidad que nos impidamos transitar por emociones menos agradables. Perdiendo así información valiosa sobre nosotros/as mismos/as. En el peor de los casos, si la negación y el bloqueo son muy grandes, pueden desembocar en somatizaciones.

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Recetas para la felicidad que no explican nada

El problema con los libros o los artículos de autoayuda es que sólo tienen en cuenta dos, o como mucho, tres de los cuatro ámbitos fundamentales para el ser humano. Si bien algunos incluyen el cuidado al cuerpo, la mayoría se focalizan en el pensamiento y la acción. Pero dejan a un lado las emociones.

Así, no es de extrañar que algunos clientes lleguen a alguna sesión entusiasmados con la idea de cambiar su vida. Porque han descubierto un nuevo libro o han leído una frase reveladora. Pero su sensación de empoderamiento no dura mucho tiempo. Pronto empiezan a surgir las primeras dificultades y regresan los viejos hábitos.

Te dicen ‘Quiérete mucho’ pero no explican cómo se hace eso”. Se quejaba una clienta mía hace un tiempo, exasperada de escuchar una y otra vez el mismo cliché. No le falta razón. Alguno de los tips que he leído dice: “regálate tiempo”. ¿Pero cómo se hace eso si eres una madre soltera con varios hijos a tu cargo y un trabajo a tiempo completo?

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Cambios que no se mantienen

Muchas de esas recetas para la felicidad obvian algo importante que muchos psicólogos sabemos. Y es el hecho de que las creencias y conductas que condenan y quieren erradicar, fueron formadas en nuestra niñez. Son en realidad un intento de no conectar con recuerdos demasiado dolorosos que nos desbordarían a nivel emocional.

Se saltan un paso al que yo le dedico mucho tiempo en terapia. Que es enseñar a mis clientes a honrar y apreciar las valiosas funciones que tuvo para ellos su sistema de adaptarse al mundo. Aunque ahora esté siendo perjudicial, en una época fue todo lo que tenían para sobrevivir.

Por ejemplo, recuerdo un cliente al que su padre solía pegarle palizas cuando era niño. De adulto, siempre se ponía en lo peor y los demás le reprochaban su pesimismo. Sin embargo, nadie se había parado a comprender la función que ese pesimismo tuvo para él. Y es que en su infancia ponerse en lo peor ante un padre explosivo e impredecible fue muy importante. Ya que le permitía anticipar el peligro y protegerse. Así como tener al menos una pequeña sensación de control sobre la situación.

Si tratamos de cambiar nuestra forma de pensar y de comportarnos sin atender a las vivencias que hay debajo corremos un riesgo. Nos arriesgamos a quedarnos sin protección frente a ellas. Como eso a nuestro inconsciente le da vértigo, tratará de volver a sus viejos hábitos lo antes posible para recuperar su equilibrio. ¡Pero ningún libro de autoayuda nos explica esto!

“Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una”

Voltaire (1694-1778) filósofo y escritor francés

Y además, la culpa es nuestra

No sólo eso: cuando esas recetas fracasan, nos sentimos culpables. No arremetemos contra la persona que las inventó pasando por alto el pequeño detalle de que no todos somos ordenadores a los que les basta con incorporar un determinado software. Sino que acabamos criticándonos a nosotros/as mismos/as y siendo más infelices si cabe.

Internet y las librerías están tan saturados de libros de autoayuda y artículos que dictan lo que es la felicidad y como lograrla. Parece que si no la alcanzamos es culpa nuestra. Porque no tenemos fuerza de voluntad, porque no nos esforzamos lo suficiente o porque algo estamos haciendo mal.

En realidad, algunas de las cosas que prometen esos libros o artículos no son realistas y fomentan falsas esperanzas. Frases como “puedes conseguir cualquier cosa que te propongas” no nos enseñan ni a considerar nuestras limitaciones ni a aceptarlas con compasión.

De la obligación de ser feliz, al equilibrio interior

Como terapeuta yo no busco que mis clientes sean felices. Lo que quiero para ellos es que escuchen sus emociones. Que aprendan a descifrar qué necesidad se oculta detrás de ellas y que encuentren las maneras de satisfacerlas para volver a encontrar su equilibrio interior. Y no, esto no es la base de la felicidad eterna, pero sí del bienestar emocional, lo cual me parece un propósito mucho más realista.

obligación de ser feliz Inés Arregui

Inés Arregui

Psicóloga y psicoterapeuta de adultos.

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