Reacciones emocionales desproporcionadas: posible origen traumático

Reacciones emocionales desproporcionadas: posible origen traumático | Por Lucía Camín, psicóloga

Un comentario aparentemente inofensivo te desborda. Un pequeño desacuerdo te lleva a una rabia que no controlas, o a un llanto que no esperabas. Alguien tarda en contestarte un mensaje y sientes una angustia enorme. Y después, cuando te calmas, llega la misma sensación de siempre: «¿por qué he reaccionado así?, ha sido una exageración». Si te ocurre a menudo, quizá tus reacciones estén hablando de algo más profundo de lo que parece.

Cuando una respuesta emocional no encaja con lo que la ha provocado, muchas veces no es un problema de «carácter» ni de «falta de control»: puede ser la huella de una experiencia no resuelta. Te explicamos esta conexión, que casi nadie hace.

Qué es una reacción emocional desproporcionada

Empecemos por entendernos. Hablamos de una reacción desproporcionada cuando la intensidad de lo que sentimos no se corresponde con la situación que lo desencadena. Es esa emoción que nos «secuestra», que va mucho más allá de lo que el momento parecería justificar.

Puede manifestarse de muchas formas: una ira repentina e intensa, una tristeza que nos inunda de golpe, una ansiedad desmedida, un ataque de pánico, la sensación de bloquearnos por completo o de reaccionar «sin pensar». Lo característico es que, después, solemos sentir que hemos exagerado, y que ni nosotros mismos entendemos del todo por qué hemos respondido así.

Por qué reaccionamos de forma desproporcionada

Aquí está la clave que lo explica casi todo. Cuando reaccionamos de forma desproporcionada, muchas veces no estamos respondiendo solo a lo que ocurre en el presente, sino a algo del pasado que esa situación ha «tocado» sin que nos demos cuenta.

Nuestro cerebro guarda las experiencias dolorosas o que nos sobrepasaron, especialmente las de la infancia, y aprende a estar alerta ante cualquier cosa que se les parezca. Cuando una situación actual se asemeja, aunque sea de forma sutil, a una herida antigua, se activa esa alarma y reaccionamos con la intensidad de entonces, no con la que corresponde a ahora. Dicho de otro modo: no reaccionas al presente, sino a un pasado que el presente ha despertado.

La conexión con el trauma

Este mecanismo está íntimamente ligado al trauma. Cuando vivimos una experiencia que nos superó y no llegamos a procesar del todo, queda almacenada de una forma que la mantiene «activa». No es un recuerdo que evocamos voluntariamente, sino una huella emocional que puede dispararse ante determinados estímulos.

Esos estímulos actúan como detonantes: un tono de voz, una mirada, una situación de rechazo, una sensación de injusticia o de abandono. Cuando aparecen, reactivan la emoción original, y por eso reaccionamos con una intensidad que, vista desde fuera, parece desproporcionada, pero que por dentro tiene todo el sentido: estamos respondiendo a una herida, no a la anécdota del momento.

Señales de que tus reacciones pueden tener un origen traumático

No toda reacción intensa esconde un trauma, pero hay indicios que invitan a mirar más a fondo. Puede haber algo detrás si:

Se repite siempre el mismo patrón

Determinadas situaciones te disparan una y otra vez de la misma forma. Ese patrón que se repite suele señalar una herida concreta que se está tocando.

La emoción te desborda y te cuesta frenarla

No es solo que reacciones, es que sientes que la emoción te arrastra y no puedes controlarla, como si fuera más grande que tú.

No entiendes tu propia reacción

Después, al calmarte, te sorprende lo que has sentido y no logras explicar por qué has respondido con tanta intensidad.

Notas que «algo se enciende» por dentro

Hay situaciones que te activan de forma casi automática, con una respuesta física y emocional inmediata, antes incluso de poder pensar.

No es un defecto tuyo

Es fundamental entender esto: si reaccionas de forma desproporcionada, no eres una persona «exagerada», «demasiado sensible» o «incapaz de controlarse». Estás respondiendo a un dolor que quedó sin resolver, y esa respuesta, en su origen, fue una forma de protegerte.

Culparte por ello solo añade más malestar. Lo que esas reacciones te están pidiendo no es más autoexigencia, sino atención y comprensión hacia lo que hay debajo.

La buena noticia: se puede trabajar

Aquí está el mensaje esperanzador. Cuando entendemos que estas reacciones tienen un origen, dejan de ser un misterio incontrolable y se convierten en algo que se puede abordar. Trabajando la herida de fondo, esas respuestas desproporcionadas pierden fuerza, y recuperamos la capacidad de responder al presente desde el presente.

En terapia se identifica qué hay detrás de esas reacciones, se procesa esa experiencia no resuelta y se aprende a regular las emociones, para que dejen de secuestrarte. En Alcea Psicología contamos con profesionales especializados en trauma que te acompañarán a comprender y sanar lo que hay en el origen de esas respuestas, para que recuperes la calma y el control sobre tu vida.

Escucha lo que tus reacciones te dicen

Tus reacciones desproporcionadas no son un fallo que corregir a la fuerza, sino un mensaje que merece ser escuchado. Detrás de esa intensidad hay, muchas veces, una parte de ti que sigue esperando ser atendida.

Si sientes que tus emociones te desbordan y no entiendes por qué, no tienes que resignarte a vivir así ni gestionarlo en soledad. Comprender de dónde viene es el primer paso para dejar de reaccionar desde la herida y empezar a vivir desde la calma.

Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario.