Trauma emocional ¿qué es y cómo superarlo?

Trauma emocional | Por Cristina Alicia Rodríguez, psicóloga

¿Alguna vez te has preguntado qué es realmente un trauma emocional? Por fuerte que suene la palabra, muchas personas sufrimos eventos traumáticos a lo largo de nuestra vida. La mayoría conocemos por trauma emocional aquellos hechos puntuales que afectan gravemente a nuestra estabilidad emocional. Como, por ejemplo: un abuso sexual, una muerte repentina de un ser querido o una catástrofe natural. Pero, ¿sabías que hay más acontecimientos potencialmente traumatizantes? En este artículo te explicamos qué situaciones pueden causar trauma emocional, cómo se manifiesta y qué podemos hacer para superarlo

¿Qué es un trauma?

Etimológicamente, la palabra trauma proviene del griego y significa “herida”. De esta manera, podemos definirlo como: una herida “psíquica” producida por uno o varios eventos estresantes que amenazan la integridad psíquica y/o física de la persona. Esta amenaza puede ser real o percibida. Deja al sujeto en un estado de gran vulnerabilidad. Ya que, dicha situación supera todas sus estrategias de afrontamiento.

Es decir, cuando nos encontramos ante un evento estresante, todos nuestros mecanismos de defensa se ponen en marcha para abordar la situación. Pero si percibimos que aun así el peligro sigue presente, la única salida de nuestro cerebro es la desconexión.

Por lo tanto, aunque coloquialmente estemos acostumbrados a escuchar esta palabra:

  • ¿Sabemos realmente a lo que se refiere?
  • ¿Conocemos la magnitud del daño psíquico?
  • ¿Qué eventos son potencialmente traumatizantes?

¿Cuáles son las causas del trauma emocional?

Principalmente cuando oímos la palabra trauma, rápidamente lo asociamos a experiencias puntuales que generan un gran impacto en nosotros. Algunos de esos traumas “puntuales” a los que nos referimos son:

Guerras, homicidios y terrorismo.

Catástrofes naturales como terremotos, inundaciones o incendios.

Abusos sexuales, violaciones.

Maltrato físico.

Abusos psicológicos: suelen ser interacciones intimidantes con personas del círculo cercano (cyberbulling, bullying o mobbing).

Enfermedades de seres queridos o propias.

Accidentes de tráfico graves.

Fallecimiento de seres queridos, sobre todo cuando son cercanos y se producen de forma inesperada.

Dada la gravedad de las situaciones, es muy probable que estos acontecimientos generen trauma a la persona que lo experiencia y/o presencia. De esta forma, presenciar un acto violento hacia otra persona también aumenta la probabilidad del daño.

Este tipo de traumas suelen dar lugar a lo que se conoce trastorno por estrés postraumático. Del que más adelante explicaremos los síntomas.

También existen otro tipo de acontecimientos aparentemente menos impactantes. Pero que pueden causar el mismo daño psicológico que los de los ejemplos anteriores.

¿A qué nos referimos?

Los expertos hablan del trauma complejo del desarrollo o trastorno traumático del desarrollo. Para entender este término tenemos que remontarnos a la etapa infantil y adolescente del ser humano. En este período se desarrolla nuestra identidad y para ello necesitamos a figuras de apego (padres, abuelos/as, tíos/as…) que nos acompañen en el proceso de una forma cuidadosa.

Por esta razón, es muy importante que los cuidadores nos devuelvan una imagen positiva de nosotros mismos. Y nos ofrezcan su ayuda para superar las dificultades.

No obstante, esto no siempre sucede así y por ello nos encontramos microtraumas. Esto son pequeños actos repetidos, recibidos en la infancia que conllevan un fuerte componente emocional negativo. Pueden causar, a largo plazo, problemas relacionales y desajustes en la personalidad.

Los microtraumas se diferencian en:

  • Microtraumas de sesgo positivo:
    • Niegan o “maquillan” nuestros defectos: los padres solamente son capaces de devolver una imagen positiva e idealizada del niño. Esto hace que él mismo también niegue sus cualidades menos atractivas. Y en un futuro no sea capaz de responsabilizarse de sus errores.
    • Excesiva exigencia en la enseñanza: en este caso remarcan constantemente sus fallos y no alaban sus progresos. Lo cual acaba disminuyendo la confianza en sus propias capacidades.
    • Sobreprotección: estos padres impiden la exploración y la independencia del niño por miedo a que le ocurra algo. Esto provoca que el infante deje de confiar en sí mismo y vea el mundo como algo peligroso.
  • Microtraumas de sesgo negativo:
    • Mensajes humillantes hacia la personalidad y/o el físico: este tipo de familias lanzan mensajes como: “¿quién te va a querer así?”, “quítate eso, estás gorda”, “no vales para nada”. Esto va creando en el niño una mala imagen de sí mismo. Lo que en un futuro se traducirá en baja autoestima.
    • Retirada de afecto tras una discusión: padres que no reparan el conflicto. Sino que se quedan en silencio o incluso desaparecen del hogar. Creando en el infante una sensación de abandono y culpa.
    • Falta de afectividad y distancia emocional: no muestran conductas de cariños ni devuelven el afecto. Esto genera un sentimiento de soledad, abandono y la sensación de no ser meritorio de amor.

¿Cuáles son los síntomas del trauma emocional?

Principalmente los síntomas que describiremos a continuación son propios del trastorno por estrés postraumático. Sin embargo, también guardan mucha relación con el trastorno traumático del desarrollo. Sobre todo aquellas que tienen que relación con el mundo emocional y cognitivo.

Primero, destacamos los síntomas emocionales y cognitivos:

  • Reexperimentación del trauma a través de flashbacks.
  • Recuerdos repetitivos sobre el evento traumático.
  • Pesadillas.
  • Evitación/anestesiamiento ante cualquier estímulo que recuerde al trauma.
  • Excitabilidad/irritabilidad elevada y perdurable en el tiempo.
  • Hipervigilancia a diferentes estímulos.
  • Creencias o expectativas negativas y persistentes: ej: “El mundo es peligroso”.
  • Estado emocional negativo persistente (miedo, ira, culpa, vergüenza).
  • Indiferencia emocional.
  • Confusión.
  • Negación.

En segundo lugar, cabe resaltar también los síntomas físicos:

  • Falta de apetito.
  • Jaquecas.
  • Insomnio.
  • Ataques de pánico.
  • Estado de shock.
  • Mareos.
  • Taquicardias.
  • Tensión constante.
  • Dolor físico en el caso de abuso o maltrato físico.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando padecemos un trauma emocional?

El cerebro es el órgano por excelencia que se encarga de regular nuestras acciones y emociones, entre otras funciones.

Por tanto, es inevitable pensar en las consecuencias que sufre ante un evento traumático.

Como hemos mencionado, el acontecimiento traumático somete a nuestro cerebro a un estrés tan elevado que se ve obligado a utilizar “mecanismos de emergencia”. Uno de ellos, clave para entender el trauma, es la disociación.

La disociación, a modo resumen, es un distanciamiento físico y emocional de la experiencia. Es decir, como si nuestro cerebro dejara de sentir o se desconectara de la situación por un momento debido a la sobrecarga de estrés.

Debido a este mecanismo, podemos escuchar a personas que nos están contando una historia con un gran impacto emocional y notar que sus emociones no van acordes con el relato. Esto disminuye la calidad de vida de la persona que lo sufre. Ya que dificulta su conexión con la realidad y con su propio cuerpo.

Por otra parte, si los traumas han sido generados en épocas vulnerables del desarrollo, como la infancia y la adolescencia; las consecuencias pueden ir más allá, provocando cambios en la estructura cerebral.

Como resultado, algunos estudios destacan las siguientes evidencias:

  • Hipersensibilidad cerebral para detectar emociones negativas, especialmente la rabia.
  • A mayor duración del trauma y menor edad, menor volumen cerebral.
  • Menor tamaño de la corteza prefrontal (se responsabiliza del control de la conducta, regulación emocional, conducta social,etc.).
  • Mayor volumen de la amígdala (se encarga de detectar situaciones de peligro, por lo que se suele encontrar hiperactivada).
  • Reducción del tamaño del hipocampo (área encargada de la memoria y el aprendizaje).

¿Qué importancia tienen las emociones?

Las emociones son reacciones fisiológicas que experimentamos ante ciertos estímulos para adaptarnos a la situación. Así, ante un trauma emocional predominan las emociones “negativas” como ira, miedo, tristeza. Y es posible que después de la vivencia, aparezcan de forma más recurrente en nuestras vidas. Debido a la huella tan grande que deja en nosotros.

▷ Por ello, desde la terapia focalizada en la emoción hablamos de emociones:

Primarias adaptativas

Primarias desadaptativas

Secundarias

▷ Una vez comprendido el aprendizaje que suponen, entenderemos mejor por qué la aparición de ciertas emociones en el trauma emocional es adaptativo a corto plazo, pero se vuelve un obstáculo a la hora de superarlo.

  • Enfado/rabia: el enfado es autoprotector. Ya que nos sirve para poner límites a una persona o una situación que no nos gusta o nos está hiriendo. La rabia puede volverse crónica después de un trauma. Al haber vivido una amenaza extrema que no se ha podido frenar. Esto dificulta las relaciones interpersonales e incluso la estabilidad laboral.
  • Ansiedad/miedo/terror: el miedo alerta un potencial peligro y el terror sería la forma más extrema del miedo. Emoción bastante relacionada con el trauma. En el estrés postraumático el miedo persiste aunque la amenaza haya terminado. Y se empieza a convertir en una señal de alerta continua: la ansiedad. De esta forma, la persona comienza a aislarse y a sufrir ante situaciones aparentemente inocuas.
  • Vergüenza: es la emoción que surge cuando sentimos que nos hemos defraudado a nosotros mismos o a otros. Está presente sobre todo en traumas de abuso sexual o violación. Ya que genera una sensación de haberse dejado convertirse en víctima. Dificulta la superación del trauma porque no tiene una tendencia hacia afuera como el enfado. Sino que nos lleva a la inhibición, lo cual dificulta su descarga.
  • Culpa: es un sentimiento paradójico pero muy frecuente en el trauma. Normalmente nos sentimos culpables cuando transgredimos una norma o hacemos daño a una persona. Después del trauma nos sentimos tan mal, que comenzamos a fantasear con que podíamos haber hecho algo para evitarlo. O, en el caso del abuso sexual, las víctimas creen que su forma de vestir o actuar han provocado al agresor y se lo merecen por ello. Esto es muy grave, puesto que intensifica el malestar y dificulta la superación.

¿Qué tipo de trastornos abarca el trauma emocional?

Muchos de los trastornos psicológicos tienen su origen en los traumas emocionales que no hemos podido procesar y/o integrar en nuestra psique. Esto afecta directamente a nuestro bienestar y a la calidad de las relaciones interpersonales que construimos.

  • Ansiedad: se relaciona con la hipervigilancia a estímulos amenazantes. Por lo que es normal que desarrollemos ansiedad después de un evento traumático.
  • Depresión: la sensación de indefensión ante una experiencia tan estresante puede provocarnos desesperanza y una mirada negativa hacia el mundo.
  • Aislamiento social: es probable que desarrollemos una desconfianza hacia los otros. Así como miedo a que la experiencia se repita en otro contexto parecido. Por lo que podemos tender a aislarnos de las situaciones sociales.
  • Trastorno por estrés postraumático: los expertos exponen que cuando varios de los síntomas expuestos anteriormente duran más de un mes, dejamos de hablar de estrés postraumático. Empezamos a hablar de trastorno.
  • Trastorno traumático del desarrollo o trastorno reactivo del apego: debido al trauma sucedido en la infancia con nuestras figuras de apego, es habitual que desarrollemos sentimientos de desconfianza, abandono o miedo hacia otras personas.
  • Trastornos disociativos: como hemos visto anteriormente, la disociación es el mecanismo por excelencia del cerebro hacia el trauma. Por lo que, si no somos capaces de volver a integrar la experiencia, podemos desarrollar un trastorno que tenga como base los síntomas disociativos.

¿Cómo afecta el trauma temprano a nuestras relaciones? Trauma y apego

El apego es el vínculo que formamos con nuestros cuidadores a lo largo de nuestro desarrollo evolutivo, sobre todo en los primeros años. En el momento del nacimiento, somos seres muy vulnerables. Por lo que necesitamos una figura protectora que facilite nuestra supervivencia.

Esta figura protectora suelen ser nuestros padres, pero también pueden ser otros cuidadores principales, como por ejemplo tíos/as o abuelos/as. Ellos se encargarán de proporcionarnos los cuidados básicos para sobrevivir.

Por tanto, deberían mostrarse responsivos ante nuestras necesidades físicas y emocionales. Los ejemplos básicos serían: calmarnos en momentos de estrés o darnos de comer si tenemos hambre. Cuanto más sensibles sean las figuras de apego a nuestras necesidades, más seguridad emocional iremos adquiriendo.

Sobre todo, es en momentos de estrés cuando el niño evalúa si el adulto está disponible y tiene la capacidad de proporcionarle seguridad.

▷ ¿Pero qué pasa cuando esto no sucede o cuando la fuente de estrés es la misma que debería ofrecer calma?

Es en este momento cuando empezamos a hablar de trauma del desarrollo. Esto sucede cuando ante reacciones de estrés del niño, los cuidadores responden sistemáticamente con conductas inadecuadas. Por ejemplo, se enfadan cuando los niños lloran, reaccionan con indiferencia cuando les piden afecto o incluso les profieren comentarios descalificadores.

Por tanto, si la respuesta es inadecuada sistemáticamente, los niños aprenden que el mundo no es un lugar seguro. Y se conforma lo que denominamos apego inseguro.

Dentro de los apegos inseguros, el apego desorganizado es el que está directamente relacionado con el trauma.

De esta forma, los niños con este tipo de apego comienzan a desarrollar una sensación física y emocional de que el mundo es peligroso. Y las personas te dañan, te abandonan y nunca están disponibles. Por tanto, en un futuro basarán sus relaciones futuras en desconfianza, miedo e incluso agresividad.

▷ ¿Qué factores influyen en las consecuencias psíquicas del trauma?

Previamente hemos desarrollado varias características globales de lo que supone un trauma para el ser humano. No obstante, cabe destacar que cada contexto, experiencia y persona es única. Por lo que va a haber varios factores que agraven o mejoren las consecuencias del daño.

▷ Factores protectores ante el trauma
  • Calidad del tipo de apego formado por los cuidadores principales y otros adultos: a mayor nivel de seguridad emocional experimentada con los adultos, mayor posibilidad de lograr una buena recuperación. Esto no se suele dar en el trauma infantil.
  • Respuesta del entorno ante el trauma: la validación de las emociones por parte del entorno y el apoyo social resulta clave para reducir el impacto emocional.
  • Intensidad, cualidad y momento del trauma: el estado emocional en el que se encuentre la persona afectará a su recuperación. Así como la intensidad del momento y el tipo de trauma.
  • Presencia o ausencia de vergüenza en el trauma, y su intensidad: la ausencia de vergüenza facilitará la expresión emocional. Y, de esta manera, fomentará una mejoría más rápida.
  • Efecto de interacción: un hecho puntual y aislado tendrá mejor pronóstico que la interacción de varias experiencias traumatizantes acumuladas.

▷ ¿Qué hacemos con todo este dolor?

Ante una situación tan desbordante, muchas veces nos quedamos sin recursos para afrontarlo. Es común que las personas que han sufrido trauma, adopten conductas autolesivas:

  • Hacerse cortes en alguna parte del cuerpo.
  • Consumir alcohol y/o drogas ilegales.
  • Entablar peleas físicas con otras personas
  • Intentos de suicidio

Esto puede parecernos contradictorio. Pero lo cierto es que lo que buscamos con esas conductas es minimizar o desconectar las sensaciones, las imágenes y los pensamientos de lo que hemos sufrido.

De esta forma, elegimos el dolor físico o la anestesia de una droga antes que el terror de las emociones y recuerdos provocados por el trauma.

¿Cómo lo podemos superar?

En primer lugar, si crees que has podido sufrir un trauma, es importante que acudas a un profesional de la psicología

Nosotros tenemos las técnicas y herramientas adecuadas para acompañarte en el proceso y lograr una mejoría.

▷ ¿De qué forma podemos ayudarte?

Poniendo a tu disposición todos nuestros conocimientos para ayudarte a superarlo.

  • Escucha y validación empática: en terapia encontrarás un lugar seguro para ti. En el que podrás ir procesando, sin sentirte juzgado, los acontecimientos traumáticos.
  • Técnica emocional de asuntos no resueltos: poco a poco iremos adentrándonos en el aspecto emocional. Siempre a tu ritmo, para poder desatascar y reformular las emociones desadaptativas.
  • Técnica EMDR: es una de las técnicas más utilizadas para tratar el trauma. Se basa en estimular ambos hemisferios cerebrales. Para procesar las imágenes, pensamientos y sensaciones relacionadas con el evento traumático e integrar el significado.
  • Técnicas de relajación: las utilizamos sobre todo para abordar los síntomas de ansiedad e hipervigilancia que provoca el trauma. Así en un momento desbordante podrás reducir la intensidad de tus sensaciones físicas. Para poder regular mejor las emociones.
  • Terapia narrativa: te ayudaremos a organizar e integrar de nuevo los recuerdos que se han quedado disociados.
  • Mindfulness: nos permite prestar atención al momento para reducir el malestar que provocan los pensamientos recurrentes sobre el trauma.

De esta forma conseguiremos abordar los síntomas derivados del trauma que hemos visto en apartados anteriores (ansiedad, depresión, dificultad en las relaciones interpersonales, etc.). Y procesar e integrar la/las experiencias traumáticas. Juntos conseguiremos mejorar tu bienestar y la calidad de tus relaciones interpersonales.

▷ Consejos que puedes seguir para mejorar tu calidad de vida:

  • Cuenta con el apoyo de personas de confianza: es importante que puedas contárselo a una o varias personas de confianza. Pueden ser amigos, familiares, parejas o algún recurso especializado para ello. Esto causará un gran alivio emocional para ti.
  • Escucha tus necesidades: si notas que te desconectas de lo que sientes, párate un momento a escuchar qué necesitas en ese momento. Al principio es normal que sea complicado, pero poco a poco lograrás reconocer mejor las diferentes sensaciones.
  • Intenta modificar el diálogo interno: no te critiques por lo que pasó o porque no puedas superarlo. Lo que te ha ocurrido conlleva un gran impacto emocional. Es normal que no supieras actuar o que todavía lo recuerdes. Juzgarnos solo sirve para agravar el daño.
  • Fomenta el autocuidado: valora todo el recorrido que has logrado después del suceso, aunque te parezcan cosas pequeñas. Seguramente habrá sido muy doloroso seguir con el peso de un trauma y aun así sigues luchando día tras día.

Las cicatrices muestran dónde estuvimos, pero no predicen dónde estaremos

Criminal minds