El Trastorno estrés postraumático: causas y tratamiento

Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) | Psicólogos para TEPT

Cuando experimentas una situación traumática, es normal que experimentes miedo o incluso terror. También, es normal que tengas dificultades para adaptarte y afrontar estos sucesos después. Pero con el tiempo y con el cuidado idóneo, la mayoría de las personas mejoran.

Si por el contrario, el malestar empeora y se prolonga en el tiempo, es necesario que acudas a un profesional para evaluar si puedes estar padeciendo un trastorno de estrés postraumático.

¿Qué es el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT)?

El trastorno por estrés postraumático, también conocido como TEPT, es una afección psicológica que algunas personas pueden sufrir por haber experimentado o visto un evento traumático de gran intensidad. Como un accidente, una agresión, una muerte inesperada, etc.

Ante una situación de fuerte impacto emocional y vital, se activa nuestro sistema de alerta, y nuestro cerebro comienza a segregar diferentes hormonas que nos llevan a sentir miedo, angustia, pesadillas o tener conductas de «huida» o de «lucha».

Si estos síntomas no desaparecen, es necesario acudir a un profesional de salud mental, ya que con un tratamiento adecuado este trastorno puede superarse.

Síntomas

Los síntomas del Trastorno de Estrés Postraumático suelen iniciarse al mes del evento traumático. Aunque a veces, no aparecen hasta pasados unos años. Para el diagnóstico del Trastorno de Estrés Postraumático, los síntomas deben durar más de un mes y ser lo suficientemente graves como para intervenir y limitar la vida diaria, el trabajo y las relaciones de las personas que lo padecen .

Aunque pueden variar dependiendo de la persona y del paso del tiempo, los síntomas del Trastorno de Estrés Postraumático se clasifican en cuatro tipos. (Estos criterios se atribuyen tanto a adultos, como adolescentes y niños con edad superior de 6 años y menores). Y recuerda, el diagnóstico del Trastorno de Estrés Postraumático debe ser realizado por un profesional de la salud mental.

1. Recuerdos intrusivos: síntomas de reviviscencia

Cuando la persona revive o re-experimenta las vivencias traumáticas de manera involuntaria.

  • Así, pueden ser recuerdos angustiosos recurrentes, involuntarios («flashbacks»).
  • O sueños angustiosos o pesadillas que guardan relación con el suceso traumático.

2. Síntomas de evasión persistente

  • Evitación de pensamientos, recuerdos o sentimientos angustiosos asociados al suceso.
  • Evasión de recordatorios externos. Por ejemplo, la persona evita personas, actividades, situaciones, objetos que le recuerden al trauma vivido.

3. Alteraciones cognitivas y del estado de ánimo

  • Dificultad para recordar un aspecto importante del suceso traumático. O percepción distorsionada del suceso traumático.
  • Creencias o expectativas negativas y exageradas sobre uno mismo, los demás y el mundo. Por ejemplo, ‘‘no puedo confiar en nadie’’, ‘‘el mundo es muy peligroso’’, etc.
  • Estado emocional negativo y pérdida de interés en actividades con las que antes disfrutabas.
  • Distanciamiento social con el entorno, familia, amigos, etc.
    Incapacidad de experimentar emociones positivas.

4. Síntomas fisiológicos de hipervigilancia

  • Mantenerte en estado de alerta constante.
  • Problemas para concentrarte.
  • Alteración del sueño (dificultad para conciliar o continuar el sueño).
  • Arrebatos de furia y comportamiento irritable. Que se expresan en forma de agresión física o verbal hacia personas u objetos.
  • Asustarte fácilmente.

▷ Aprende a detectar las señales de alerta

Cuando los síntomas son leves, a veces, puedes pensar que no tienen importancia o que ‘’ya se pasarán’’. Por ello, es importante detectar las señales que pueden aparecer y que puedan estar alertándote de que está sucediendo algo.

  • Pensamientos e imágenes que aparecen de manera involuntaria.
  • Sentimiento de tristeza o pérdida de interés.
  • Sentimientos de culpa.
  • Tener enfados, o sentirte rabioso con gran frecuencia.
  • Miedo, inquietud.
  • Problemas de sueño.
  • Aislamiento o dificultad para sentirse cómodo con otras personas.
  • Dificultad para concentrarte.
  • Dificultad para tolerar emociones fuertes.